EN UNA TERRAZA CALIDA…

Habíamos empezado la mañana con ánimo de caminar y conocer otros rincones de la ciudad… el paso por Fuencarral parecía una obligación digna de cualquier yonki del consumismo y no vacilamos a la hora de adentrarnos en tiendas como la de billabong, paso obligado para Ipurbeltz, en cuyo sótano se mostraban algunas prendas de Element, su ropa preferida, además de un dependiente que estaba demasiado bueno como para permanecer allí abajo el resto de la mañana. Me que quedé con las ganas de comentarles a un par de tíos buenísimos lo bien que les quedaban los pantalones que se andaban probando en G-star… y cuando ya no quedaba mucho más que ver giramos a la izquierda por la calle Palma hacia Malasaña. Era uno de los barrios de Madrid que me quedaba por conocer a fondo… y la mañana cálida y tranquila propiciaba a pasear entre sus calles colmadas de resaca y preámbulo de una nueva noche frenética. Malasaña huele a mezcla de barrio de toda la vida, con gente y comercios de toda la vida mezcladas con tiendas y lugares que te muestran las últimas tendencias y desprenden una modernidad habitada por gente nueva y joven que hacen del lugar una buena alternativa al tan manido Chueca. Sin duda me dejó un buen sabor de boca.
Al mediodía recibimos la llamada de Vulcano y Antinoo para que nos acercásemos a su casa a comer. El día estaba tan soleado que terminamos comiendo en su terraza, pasando allí unas horas impagables tamizadas por un sol de Otoño que ya no quemaba, sino que acariciaba la piel… una piel con la que nos servíamos de avanzada clave y que nos permitía llegarnos a estados de encuentros muchas veces ansiados, charlas íntimas y desenfadadas que se tornaban entre divertidas y curiosas cuando Vulcano intentaba entrar en el personal universo de Ipurbeltz… que para entonces flotaba en un letargo de sobremesa que nos abarcaba a todos los demás… En esos momentos decidí que la verdadera visita a Madrid era precisamente esa terraza… que no hay visita a exposiciones, museos, tiendas o bares que suplanten ese paréntesis de tiempo compartido con personas que aprendes a querer y apreciar más allá de los comentarios que nos hagamos en un blog, porque sabes que detrás se esconden universos maravillos por querer descubrir. Como bien decía Vulcano, es cierto que a veces caemos a la hora de escribir en el blog, con demasiada facilidad en contar maravillas de la gente que conocemos, en alabanzas que pueden rallar un exceso de complacencia adolescente… razón no le falta… pero cuando el tiempo te lleva a encuentros donde las afinidades se juntan por defecto y las necesidades emocionales e intelectuales hacen el resto, quizás sea inevitable expresarlas y compartirlas, que siempre viene bien, y no siempre lo hacemos, expresar sentimientos que experimentamos a lo largo de un breve fin de semana, a lo largo de una cálida velada de Otoño en una terraza de Madrid.

Hubiésemos deseado que el tiempo no pasara y el sol no se escondiese entre el horizonte de tejados de Madrid, pero Pablo me esperaba en la plaza de Chueca y teníamos demasiadas cosas que contarnos… tantas que el rato que pasamos en el café VAires se nos hizo insuficiente, y aprovechando que Mugalari volvía de su pequeña siesta y Cesar acudía a su cita con Pablo y el encuentro entre los cuatro parecía no querer forzar una despedida repentina, prolongamos el encuentro durante un buen rato alrededor de una mesa en el Figueroa. Todo un descubrimiento el pequeño pero gran Cesar, (espero verle estas navidades) y en cuanto a Pablo… deberíamos mirarnos la constante obsesión que tenemos los dos por hablar de política… jeje nos fuimos a juntar el hambre con las ganas de comer… en fin… y que dure… porque este chico tiene un encanto personal que es para ir descubriéndolo.
No se si volveremos en Diciembre a Madrid, por ganas no será… pero de momento no hemos cerrado nada hasta saber quien más va a ir y si las cuentas nos van a cuadrar… pero es que Madrid engancha…

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